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JULIO SOSA |
EL VARON DEL TANGO
Nació en Las Piedras, ciudad que dista 20 kilómetros de Montevideo,
a los doce años daba sus primeros pasos como cantor de Tangos, interviniendo en
un concurso que se realizaba en un modesto recreo llamado "Luces de Canelón Chico"
de Montevideo. Resultó ganador y obtuvo el premio de diez pesos que se ofrecía
al primer puesto.
De los 12 a los 18 años prosiguió cantando en concursos de aficionados y en reuniones
familiares. Luego ingresó en la Marina y cuando ascendió a cabo se retiró,
firmemente decidido a continuar con su vocación por el canto. Pocos días despúes
de cumplir 20 años era cantor de una orquesta de Las Piedras, con la que cumplió un contrato
de un año y medio de duración.
Con ese pequeño bagaje de experiencias, pero con un enorme sentido musical participó
en un certamen de aficionados que se realizó en el "Café Ateneo" de Montevideo.
Al cantar el Tango "Tarde Gris" el músico Hugo Di Carlo lo incorporó a su orquesta,
cumpliendo posteriormente actuaciones en radios y clubes nocturnos. Ingresó luego a
la orquesta del director argentino Toti Di Mario, con quien cumplió dos temporadas en
Punta del este y una en Tupi Nambá en Montevideo. Luego Luis Caruso le ofreció un
contrato para cantar con su cuarteto. Durante esa etapa Sosa realizó algunas grabaciones
y volvió a presentarse en radio. Sin embargo esa actividad no le impedía actuar
como solista, actividad a la que Julio dedicaba todas sus aspiraciones.
En 1949 Julio Sosa se embarcó en la gran aventura. El horizonte de la rivera uruguaya
era limitado para las inquietudes del joven cantor y entonces viajó a Buenos Aires.
A poco de llegar, consiguió un contrato en el café "Andes" de Chacarita en donde
debutó acompañado por los guitarristas Cortese y Fontana ganando diez pesos por noche.
Un mes después Raúl Hormaza lo recomendaba a Francini-Pontier.
Durante ese período Sosa cumplió una de sus etapas fundamentales, realizando exitos
como "Pa que sepan como soy", "El Ciruja" y "Dicen que dicen". La vinculación con esa
orquesta duró cuatro años y medio, hasta que Francisco Rotundo le hizo una jugosa
proposición. Se produjo entonces una amistosa desvinculación de Francini-Pontier y
pasó a integrar con Floreal Ruiz la parte vocal de la orquesta de Rotundo.
Un año después Pontier formaba su propio rubro proponiéndole la sociedad de la
orquesta, el mismo Sosa reconoce que los cinco años que estuvo junto a Armando
Pontier fueron los más felices de su carrera. Con él grabó éxitos
tales como "Cambalache" y "Araca París". Pero Julio Sosa deseaba desde niño actuar como
solista, y el mismo Pontier estimuló esta inquietud. El 31 de agosto de 1960 se
desvinculó de Pontier formando un rubro propio con el acompañamiento de la orquesta que
dirige Leopoldo Federico.
Discos CBS le ofreció entonces la oportunidad de grabar esta nueva etapa de su carrera,
la incorporación marcó de inmediato grandes éxitos. Los discos de Julio Sosa
impusieron su nombre en todo el país, y en Latinoamérica comenzaba a extenderse
también su prestigio.
"El varón del Tango" - como muy pronto habría de llamársele - conquistó
a los amantes del género con su estilo personal y vigoroso. Los impactos de sus grabaciones
marchaban al unísono con sus presentaciones en radio y TV. Canal 11 lo tubo como figura
central de "Yo te canto, Buenos Aires" durante una temporada integra. Canal 13 lo contrató
por un mes para el programa "El Ñato Desiderio" pero el cantante permaneció seis meses en el
ciclo. En el mismo canal animó también el costoso "Casino Philips". Sin abandonar esta
actividad múltiple, el artista exclusivo de CBS concreta giras hacia el interior del
país, donde su voz y sus canciones se han arrebatado las preferencias populares.
En 1963 interviene en la película que dirige Hugo del Carril, "Buenas Noches, Buenos Aires"
y sus discos alcanzan importantes cifras de venta en todo el país y muchos otros de
Latinoamérica.
Un trágico accidente automovilístico troncó su vida. El 26 de noviembre de 1964
Julio Sosa dejó de existir en medio todavía del estupor de todos, y provocó el
dolor de un pueblo que lo lloró en sus calles como el auténtico ídolo que
fué.
ARIEL MAGALLANES